lunes, 26 de abril de 2010

Más que un tesoro...

En el Segundo libro de Reyes a partir del verso seis en adelante encontramos una historia bastante particular. El rey Ben-adad pone sitio a la ciudad de Samaria, lo cual resulta en una gran hambruna. Tal es el hambre que la cabeza de un asno y el estiércol de paloma pasan a formar parte de la alimentación del gentío y de su comercialización. El autor del libro para demostrar la cruda realidad que se vivía presenta un hecho en el cual dos mujeres ofrecen a sus hijos como alimento, pero solo una cumple con el trato. Pasan los días y no parece haber otro destino para el pueblo que su posterior destrucción.

Es precisamente en ese momento donde se clarifica la obra de Dios, pues cuatro leprosos no teniendo que comer y al borde de la muerte deciden arriesgarse por completo e ir al campo enemigo en busca de ayuda. En su asombro encuentran el campamento de los sirios completamente deshabitado y lleno de tesoros y alimento. ¿Qué había ocurrido? Como dicen los versículos 6 y 7: "...el Señor había hecho que los sirios oyeran estruendo de carros, ruido de caballos y estrépito de gran ejército. Así, se habían levantado y huido al principio de la noche, dejando sus tiendas, sus caballos, sus asnos, y el campamento como estaba. Habían huido por salvar la vida."

La historia continúa diciendo que los leprosos entraron en la primera tienda, comieron y bebieron y escondieron el oro y la plata que encontraron, pero al mirarse entre sí se dijeron los unos a los otros: "No hacemos bien. Hoy es día de buena noticia, y nosotros callamos." Inmediatamente fueron a su pueblo y dieron aviso de lo acontecido.

Mi reflexión es clara y sencilla. Si realizamos una comparación entre el texto y nuestra vida encontramos que el diablo ha sitiado este mundo, la gente se alimenta tanto física y espiritualmente en penosas condiciones y Dios ha intervenido en la historia de manera milagrosa. Pues El nos ha regalado un tesoro mucho más precioso que el oro y la plata el cual nos conduce a la salvación.

En discordancia, nosotros estamos obrando como los leprosos en su primer instancia. Pues recibimos un Tesoro relacionado con la vida eterna, pero no lo estamos compartiendo como debiéramos. Si tan solo fuéramos consientes de la situación que al mundo le toca vivir, si razonáramos entendiendo que de él depende la salvación del mundo nos diríamos unos a otros: ¡No hacemos bien. Hoy es día de buena noticia, y nosotros callamos!

Dios nos ayude a proclamar su mensaje de salvación con más fervor sabiendo que estamos en un tiempo de vida o muerte. Dios los bendiga.


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