miércoles, 1 de junio de 2011

Porque El Mundo Lo Hace…

Aconsejamiento Pastoral sobre Despedidas de Soltero

Una tarde me encontraba con un grupo de alumnos compañeros de Teología y surgió el tema de las despedidas de soltero, las cosas que se hacían y lo que algunos chicos tenían que padecer. Me llamó la atención la falta de consenso en las opiniones expresadas por los alumnos y más aún el tener que escuchar que tales actos eran de carácter justificado debido a las frases conocidas como “todo el mundo lo hace” o bien “si no te hacen esto o aquello no es una despedida”. A partir de lo mencionado creo conveniente escribir sobre este tema, más aún cuando el único fundamento que se tiene para realizar ciertas reuniones es pura y exclusivamente un: “porque todos lo hacen”. Creo que deberíamos fijar pautas y exponer qué clase de vivencias están de acuerdo a nuestros principios y cuáles no.

Para llegar a una mayor comprensión del tema citaré tan solo dos casos* que a mi entender no son extremos en cuanto a la mayoría de los vivenciales dentro de nuestras filas:

a- Juan tiene 25 años, y concurre a su despedida donde varios de sus amigos lo esperan. Comienzan comiendo y bebiendo algo, charlando y haciendo chistes, obviamente todos relacionados de índole sexual. Luego le quitan la ropa, lo afeitan, lo visten con ropa de mujer y lo maquillan. Acto seguido lo sacan afuera, le toman muchas fotos y luego lo conocido por todos, le arrojan harina, huevo, etc. Por último, sus fotos son subidas a internet.

b- Paula tiene 24 años, y también concurre a su despedida. En su caso, entra en una casa donde hay muchos adornos, todos ellos también referentes a lo sexual así también como la comida y los chistes. Comen, disfrutan del momento y al final, comienza una serie de juegos de tan índole sexual que varias de las participantes se ven ofendidas por la situación. Los juegos pasan, y el mal momento para algunas también.

Estas son algunas de las historias que se viven dentro de nuestra iglesia. A partir de aquí es que me surgen ciertas preguntas: ¿Será que porque todos lo hacen nosotros también debemos hacerlo o, mejor dicho, permitirlo? ¿No se asemeja esto a una válvula de escape donde todos los jóvenes se ven inmersos a realizan actos vergonzosos de los cuales siempre se les ha amonestado a no realizar? En este caso, ¿sí se permiten? ¿Les estamos presentado alternativas diferentes en cuanto a esta clase de reuniones?

En la Biblia figuran ciertos versículos que si bien no hacen referencia exacta al tema, sí presentan principios o pautas que bien se podrían tomar en cuenta. Jesús le pidió al Padre: “No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal”.[1]

Es claro que no es la intención que los cristianos seamos una especie de ermitaños que no tengamos contacto alguno con el mundo, pero sí que seamos guardados, cuidados de aquellas cosas que podrían ser perjudiciales para nuestra vida. A la vez, es interesante lo que Juan y Santiago declaran respectivamente: "No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él."[2]¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios.”[3]

En relación a lo mencionado Elena de White expresa: “En todos los detalles de la vida, los cristianos han de seguir los principios de la estricta integridad. Estos no son los principios que gobiernan el mundo; pues allí Satanás es el señor, y sus principios de engaño y opresión conllevan esa inclinación. Pero los cristianos sirven a un Señor diferente, y sus acciones deben ser forjadas en Dios.”[4] Claro está que el principio por el cual debemos regir si estas acciones son o no congruentes con lo que profesamos no se encuentra en los valores, principios o costumbres que mundo presenta, sino en Dios, más precisamente en su Palabra.

En otra ocasión Elena declara: “Muchos hay hoy día que tienen un velo sobre su rostro. Este velo consiste en la simpatía con las costumbres y prácticas del mundo, que les ocultan la gloria del Señor. Dios quiere que mantengamos nuestros ojos fijos en él, para que perdamos de vista las cosas de este mundo. A medida que se va introduciendo la verdad en la vida práctica, la norma ha de ser elevada de más en más para ponerse a la altura de las demandas de la Biblia. Esto hará necesaria la oposición a las modas, costumbres, prácticas y máximas del mundo. Las influencias mundanales, a semejanza de las olas del mar, baten contra los seguidores de Cristo para arrancarlos de los verdaderos principios de su mansedumbre y de su gracia; pero debemos permanecer en los principios tan firmes como una roca. El hacerlo exigirá valor moral, y aquellos cuyas almas no estén aseguradas a la Roca eterna, serán arrastrados por la corriente mundana. Podremos quedar firmes solamente si nuestra vida está escondida con Cristo en Dios. La independencia moral está en su sitio cuando se opone al mundo. Poniéndonos en completa armonía con la voluntad de Dios, estaremos en situación ventajosa y veremos la necesidad de una separación terminante de las costumbres y prácticas del mundo.”[5]

Al leer estos párrafos y compararlos con las historias mencionadas creo conveniente presentar algunos puntos a manera de conclusión:

ü Dios nos llama, nuevamente, a que establezcamos nuestros principios sobre la única norma de fe y conducta: La Biblia.

ü No debemos tener ningún temor de ir contra la corriente, nuestras acciones deben estar en armonía con lo que Dios desea, no con lo que el mundo hace.

ü Nuestros jóvenes no solo necesitan orientación en cuanto a lo que está mal, sino una respuesta concreta para saber qué cosas hacer y cómo emprenderlas.

ü En cuanto a lo recientemente mencionado: ¿No sería mejor que el joven concurra a estas reuniones sin tener temor por no saber qué es lo que le va a suceder? ¿Por qué en vez de hacerle pasar un mal momento, no se busca realizar algo que al joven le guste para que no solo se sienta bien allí sino que también lo recuerde con cariño?[6]

ü Finalmente no olvidemos que Dios nos llama a ser luz en medio de las tinieblas como una vez Pablo les pidió que lo fueran a los filipenses: “…Sean hijos de Dios sin mancha en medio de esta gente mala y perversa. Entre ellos brillan ustedes como estrellas en un mundo oscuro, manteniendo en alto el mensaje de vida.”[7]



*Los datos personales han sido alterados por razones éticas.

[1] Juan 17:15

[2] 1 Juan 2:15

[3] Santiago 4:4

[4] White, Elena de. Dios nos cuida. Bs.As: ACES, 1991. 336.

[5] ______, Maranata: ¡El Señor viene! Bs.As: ACES, 1976. 45.

[6] Mateo 7:12

[7] Filipenses 2:15b-16

sábado, 19 de febrero de 2011

Hubo una vez, hace muchos años un hombre el cual tenía un puesto muy elevado en la corte del rey. Junto con sus compañeros de trabajo brindaban consejos y soluciones a los problemas que este rey debía enfrentar cada momento. Tal es así, que un día el rey se levanto de su cama abrumado; pues había tenido un sueño pero no lo recordaba y sentía en su interior que era de gran importancia. Intrigado mandó a llamar a sus colaboradores para que no sólo le recuerden su sueño, sino también le comenten cuál era su significado.

Sus colaboradores, más conocidos como sabios y adivinos, le dijeron que su pedido era imposible de cumplir, que sólo los que moraban con los dioses podían resolver tal asunto. Es así, que fastidiado el rey, mandó a matar a todos sus “sabios y adivinos” y es entonces dónde aparece el hombre expresado al principio, más conocido como Daniel, quien le rogó al rey que le diese un día para poder revelar el sueño y la interpretación.

Daniel, volvió a dónde se encontraban sus amigos, y les comentó lo sucedido. Sus amigos entristecidos exclamaron ¿Qué vamos a hacer? Daniel les dijo que debían confiar. Él oró a Dios y le rogó por la interpretación, y Dios le respondió.

Ya en la corte, el rey le pregunto si él tenía el poder de descifrarle e interpretarle su sueño, a lo cual respondió: “El misterio que el rey demanda ni sabios, ni astrólogos, ni magos ni adivinos lo pueden revelar al rey. Pero hay un Dios en los cielos, el cual revelará los misterios…”

La historia finaliza mostrando al rey dando honores a Daniel y aceptando la divinidad de Dios. Por su parte, es interesante que Daniel reconoce que tal situación es imposible de resolver, pero que existe un Dios que todo lo puede. De la misma manera quiero que entiendas que no existe enfermedad tan fuerte que Dios no pueda curar, no existe relación tan destruida que Dios no pueda reconciliar, no existe vicio tan arraigado, que no puedas vencer!

No olvides que hay un Dios en los cielos

*Esta historia se encuentra en Daniel 2

martes, 15 de junio de 2010

Jesús camina sobre el agua

45En seguida obligó a sus discípulos a subir en la barca para ir delante de él a Betsaida, en la otra orilla, mientras él despedía a la multitud. 46 Y habiéndose despedido de ellos, se fue al monte a orar. 47 Al caer la noche, la barca estaba en medio del mar, y él solo en tierra. 48 Viendo que ellos se fatigaban remando, porque el viento les era contrario, a eso de la cuarta vigilia de la noche, él fue a ellos caminando sobre el mar, y quería pasarlos de largo. 49 Pero cuando ellos vieron que él caminaba sobre el mar, pensaron que era un fantasma y clamaron a gritos; 50 porque todos le vieron y se turbaron. Pero en seguida habló con ellos y les dijo:"¡Tened ánimo! ¡Yo soy! ¡No temáis!"51 Y subió a ellos en la barca, y se calmó el viento. Ellos estaban sumamente perplejos.

Si bien esta historia tuvo su importancia en ese preciso instante, pues los discípulos necesitaron de Jesús para poder salir adelante. Esta historia puede trasladarse hasta nuestros días; pues en todo momento nos toca estar en medio de peligros como aquella barca se encontraba en medio del mar. En reiteradas ocasiones nos tocan vivir situaciones que hacen tambalear nuestra vida, pero que gratificante es comprender que en esos momentos es Jesús quien se acerca hacia nosotros como lo hizo esa vez. Y no solo nos brindará ánimo, sino que al entrar en nuestra vida, encontrará la solución a nuestros problemas y por consiguiente nos llenará de su paz.

miércoles, 28 de abril de 2010

Cuestión de Actitud...

Esta mañana me encontraba en la Facultad de Teología cursando la cátedra de Culto y Adoración dictada por el doctor Daniel Plenc. En la clase un alumno propuso una comparación la cual quiero exponer a continuación pues presenta una importante lección espiritual:

En la Biblia encontramos dos historias similares de dos mujeres que tuvieron el mismo problema, pero sus actitudes fueron diferentes, y por lo tanto, sus resultados también.

En primer lugar, tenemos la situación de Sarai, esposa de Abram, a quien Dios le prometió una gran descendencia (Gén. 15:4-5). A partir del capítulo 16 de Génesis podemos notar que Sarai, decide hacer caso omiso a la promesa de Dios de otorgarle un hijo y frente a su problema, la esterilidad, le propone a Abram que tome por mujer a su sierva Agar para así lograr tener un hijo. ¿Las consecuencias? Abram tiene un hijo, el cual causará muchos problemas, tanto él como su descendencia al pueblo de Dios. Por otro lado, Abram tuvo grandes problemas conyugales debido a la poligamia.

En segundo lugar, tenemos la historia de Ana, quien también era estéril, pero que frente a su problema decidió recurrir a Dios, depositarle su problema y esperar una respuesta. ¿Cuál fue el resultado? En 1°Samuel 1:19 encontramos que Dios se acuerda de su pedido, y no solo le concede un hijo, sino que tal hijo llega a ser un gran profeta de Dios.

¿Conclusiones? Si bien es claro que más allá del error que cometió Abram al tener un hijo con Agar Dios cumplió su promesa otorgándole a Isaac (Gén.18), también es claro que tanto Abram como su esposa Sarai tuvieron que cargar con las consecuencias de tomar decisiones paralelas a la obra de Dios.

En contraste, se puede vislumbrar como Ana llevó su problema y su deseo de tener un hijo hasta Dios, confiando que Él haría lo más adecuado. Cabe destacar que la vida de su hijo Samuel fue, es y será una carta leía por el mundo, la cual nos demuestra una gran lección: No dudemos en llevar nuestros problemas, temores y pesares a Dios, pues Él es la gran solución.

“Encomienda a Jehová tu camino, confía en Él; y Él hará” Salmos 37:5

lunes, 26 de abril de 2010

Más que un tesoro...

En el Segundo libro de Reyes a partir del verso seis en adelante encontramos una historia bastante particular. El rey Ben-adad pone sitio a la ciudad de Samaria, lo cual resulta en una gran hambruna. Tal es el hambre que la cabeza de un asno y el estiércol de paloma pasan a formar parte de la alimentación del gentío y de su comercialización. El autor del libro para demostrar la cruda realidad que se vivía presenta un hecho en el cual dos mujeres ofrecen a sus hijos como alimento, pero solo una cumple con el trato. Pasan los días y no parece haber otro destino para el pueblo que su posterior destrucción.

Es precisamente en ese momento donde se clarifica la obra de Dios, pues cuatro leprosos no teniendo que comer y al borde de la muerte deciden arriesgarse por completo e ir al campo enemigo en busca de ayuda. En su asombro encuentran el campamento de los sirios completamente deshabitado y lleno de tesoros y alimento. ¿Qué había ocurrido? Como dicen los versículos 6 y 7: "...el Señor había hecho que los sirios oyeran estruendo de carros, ruido de caballos y estrépito de gran ejército. Así, se habían levantado y huido al principio de la noche, dejando sus tiendas, sus caballos, sus asnos, y el campamento como estaba. Habían huido por salvar la vida."

La historia continúa diciendo que los leprosos entraron en la primera tienda, comieron y bebieron y escondieron el oro y la plata que encontraron, pero al mirarse entre sí se dijeron los unos a los otros: "No hacemos bien. Hoy es día de buena noticia, y nosotros callamos." Inmediatamente fueron a su pueblo y dieron aviso de lo acontecido.

Mi reflexión es clara y sencilla. Si realizamos una comparación entre el texto y nuestra vida encontramos que el diablo ha sitiado este mundo, la gente se alimenta tanto física y espiritualmente en penosas condiciones y Dios ha intervenido en la historia de manera milagrosa. Pues El nos ha regalado un tesoro mucho más precioso que el oro y la plata el cual nos conduce a la salvación.

En discordancia, nosotros estamos obrando como los leprosos en su primer instancia. Pues recibimos un Tesoro relacionado con la vida eterna, pero no lo estamos compartiendo como debiéramos. Si tan solo fuéramos consientes de la situación que al mundo le toca vivir, si razonáramos entendiendo que de él depende la salvación del mundo nos diríamos unos a otros: ¡No hacemos bien. Hoy es día de buena noticia, y nosotros callamos!

Dios nos ayude a proclamar su mensaje de salvación con más fervor sabiendo que estamos en un tiempo de vida o muerte. Dios los bendiga.